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GENERACIÓN X

A los 30 años no saben que hacer de su vida. Muchos se comportan aún como adolescentes, siguen viviendo con sus padres y no tienen ni la más mínima intención de independizarse o buscar un trabajo que les permita realizarse como personas. Los especialistas en la materia les han llamado Generación X o generación apática. Son las personas entre 24 y 35 años. La primera generación que se crió con la ruptura verdadera del hogar tradicional. Durante su infancia la cantidad de divorcios aumentó más de 50%. Por primera vez dejó de existir la idea de dos padres, dos hijos, un perro, un gato y una cerca blanca rodeando el jardín. Estos jóvenes experimentaron transformaciones en las formas de pensar, ver, soñar y entender el mundo. Y por otro lado, adquirieron nuevos valores -éticos, morales y, sobre todo, estéticos-.


Historia

Es preciso aclarar que “Generación X” no es más que un rótulo empleado para clasificar a un grupo de hombres y mujeres de cierta edad para hacer una diferenciación del resto de la sociedad. Sin embargo, no hay que ser ingenuos; el término “Generación X” no puede llegar a describir la verdadera -e inmensa- diversidad que existe entre quienes están denominados por éste.

La primera vez en la que el término fue usado y reconocido fue en la década de los sesentas, cuando hizo su aparición en Londres un folleto llamado “Generation X” que trataba temas de “sexo, drogas y rock and roll -frase convertida en cliché para ser asociada con juventud-.Esta publicación estaba dirigida a los jóvenes que hacían parte del movimiento “mod” británico. Hay que recordar que en esa época el Reino Unido fue el centro musical y cultural juvenil. Grupos como The Beatles (Liverpool), Rollin’ Stones (Londres), The Who (Manchester) y The Animals (New Castle) protagonizaron lo que se llamó “ La Invasión Británica de los 60’s” e impusieron su estilo en todo el hemisferio occidental.

En la actualidad, la Generación X se desarrolla en un mundo postmoderno y como tal es el reflejo de este, especialmente el reflejo de una de sus principales características “La cultura de la imagen” la cual se refleja a través del consumismo. Aquí como en la mayoría de países latinoamericanos crecieron con la televisión como su mejor amiga. En una ocasión el Nóbel mexicano Octavio Paz dijo que nuestro continente era el de los “hijos de ramera” refiriéndose a la complicada situación familiar que vivimos actualmente: hogares compuestos por madres abandonadas, hijos que se crían con tíos o abuelos y padres que tienen que suplir el papel de la madre. Este tipo de situaciones, además del ingreso de la mujer al mercado laboral, permitieron que la compañía permanente de los “X” en su infancia fuera la televisión.



De pequeños todos recuerdan las tardes de Mazinger, Los Años Maravillosos, Heidi, o Candy. Muchos presenciaron el inicio de los juegos de video, los cuales se convirtieron en un hábito que aún los entretiene.

Así transcurrió la diversión durante la infancia de la generación X. Al mismo tiempo, en El Salvador enfrentábamos una guerra civil que caló hondo en la identidad de lo que ahora son los jóvenes salvadoreños. Con muchas de las libertades suprimidas, los niños de entonces crecieron silenciados ante el miedo transmitido por los padres; esto trajo como consecuencia el temor de enfrentar de cara muchas de las situaciones que la vida adulta presenta. Los niños de entonces, se dedicaron a crecer sin líderes a los cuales seguir, sin rumbo y, por supuesto, tomaron la salida más fácil. La mayoría se dedicó a sobrevivir.

Por otro lado, presenciaron la llegada de la globalización, un cambio en el sistema político social que, al principio fue difícil de digerir. La invasión de nuevas tecnologías separó a la sociedad en los pueden manejarla y los que no.

Las políticas de educación tampoco ayudaron demasiado. La última reforma educativa terminó de matar los sueños de muchos jóvenes; la reducción del bachillerato que antes era de tres años, ahora es de dos a costa de materias como letras, filosofía, sociología, historia y otras humanísticas que, de alguna manera, contribuían a fortalecer un pensamiento analítico. Las universidades por su parte, no ofrecen demasiado. Con unas cuántas carreras tampoco se tienen muchas opciones, esto sin contar la idea tan arraigada que se ha inculcado acerca de estudiar no para aprender, no por que guste. Quién no recuerda el clásico “Esa profesión es bonita pero no te va a dar de comer”, o “estudiá algo que te sirva para conseguir trabajo rápido”. Los resultados son universidades que anualmente sacan cientos de administradores, abogados o periodistas que han pasado a engrosar la lista de desempleados del país.

¿Cuál es el problema?

En este punto nos encontramos. Tenemos ahora jóvenes adultos que no saben ni sobrevivir. Temen buscar un trabajo que les haga sentir bien. Para no acabar en la indigencia se han conformado con cuidar su puesto de cajero en el banco, de vendedor en Metro, de secretaria en la empresa o mesero en el bar. No es que estos trabajos tengan algo de malo, en absoluto, el problema es que deberían ser transitorios mientras encuentran lo que realmente van a hacer en la vida; y sin embargo se estancan de tal manera que pasan los años, y si alguna vez tuvieron un sueño, eso se quedó guardado en el subconsciente, como un recuerdo gastado que ahora se ve como imposible. Esto en el mejor de los casos, hay otro segmento de esta población que se dio por vencida antes de empezar la batalla. Acudiendo a los placeres cotidianos como el alcohol y el ocio pasan los días sin rumbo ni plan. No les interesa mucho, no piensan en su futuro justificándose con la frase trillada de “hay que vivir el momento”.

Sin embargo, no todo es malo; hay que reconocer que no todos han sido influenciados negativamente por estos tiempos. En la actualidad se hace notar un segmento de jóvenes que también pertenece a los X. Ellos lideran el dominio del campo de la tecnología, manejando sistemas operativos, dominando dos o más idiomas, y lo más importante es que son poseedores de grandes características como la capacidad creadora y emprendedora, a este número de personas se les denomina “YUPI” quienes no necesariamente son jóvenes que han concluido sus estudios secundarios, son personas que no tienen una formación específica en una determinada área, pero se pueden desempeñar en cargos gerenciales, logrando ser competidores de buenos profesionales. Los seguidores de este sector se interesan en desarrollar sus conocimientos y en encontrar oportunidades que rebasan límites territoriales, profesionales y hasta de pensamiento. En este sentido, es importante reconocer que no todo está perdido, siendo esta generación a la cual le corresponde recibir las riendas de lo que será la sociedad del mañana, es lógico preocuparse por quiénes son los jóvenes de hoy y cuál será el aporte que dejarán a las generaciones que les sucedan. Por ahora, solo queda que las instituciones refuercen las responsabilidades de los que ahora son jóvenes, abriendo espacios para desarrollarse de una manera más integral. Y por otro lado, también es fundamental que todos aquellos que creen que han perdido sus sueños, busquen en el fondo de sus recuerdos y piensen que en la vida ningún camino es fácil. Para ser exitosos, en cualquier ámbito, siempre se debe luchar. Como dijeron en la última película que vi “el verdadero fracaso es cuando dejas de intentar”.

Celina Hernández
Subterránica
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