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EL TEATRO LA MAMA DESPIDE A SU FUNDADOR


El pasado 31 de diciembre, antes de que el 2012 viera la luz, el maestro Eddy Armando Rodríguez* partió a otros rumbos no sin antes haber dejado un vasto legado que se resume en tres palabras: Teatro La Mama, escenario que fue su fortín y morada desde 1969. Esta es la historia de cuatro décadas de labores artísticas, 60 obras, cientos de giras y miles de aplausos.
Texto y fotos: Rafael Caro Suárez

Ellen Stewart, una negra neoyorquina de amplia generosidad, se convirtió en la década de los 60 en la ‘mamá' de un puñado de teatreros que se dispersaron por todo el mundo con las enseñanzas que esta legendaria dramaturga les transmitió. Como directora de La Mama Teather en Nueva York, quiso reproducir un movimiento teatral que rompiera con los parámetros del teatro psicorígido y convencional que habían impuesto los ‘patriarcas' del teatro estadounidense y europeo, para dar paso a uno más condescendiente, que diera más espacio a la creatividad y la experimentación.

Ellen y la Mama Teather lideró en la Gran Manzana la ola contestataria del Off Off de Broadway, que demostró a los directores de este afamado escenario que sí era posible hacer temporadas en otros lugares y con técnicas diferentes. Y tal como sucedió en Estados Unidos, en otros lugares los jóvenes cansados de ver cómo los adultos gobernaban mal el mundo, gritaron sus proclamas en medio de un ambiente político caldeado: las revueltas del 1° de mayo del 68, antecedieron el establecimiento de un nuevo teatro en el que las cosas se decían de otro modo.

Esta ‘mamá' revolucionaria tiene, desde hace más de 40 años, un hijo en Bogotá: el Teatro La Mama, ubicado en la calle 63 con carrera 9. Su director, Eddy Armando, llevó sobre sus hombros -él solo- el peso de un teatro que sobrevivió, y todavía hoy lo sigue haciendo después de cuatro décadas, de puro milagro gracias a los apoyos que les brinda con su programa de Salas Concertadas la Alcaldía Mayor de Bogotá a través de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, y el Ministerio de Cultura.

El hijo consentido

La Mama Teather se había propagado por todo el mundo, especialmente por París, Londres, Buenos Aires y Ámsterdam. A Colombia llegó de carambola cuando Kepa Amuchástegui conoció en Nueva York, en 1962, a la querida ‘mamá' Stewart. "Ella apoyó a muchos artistas de todo el mundo que llegaban a estudiar a Estados Unidos", relata Kepa, que participó en la obra ‘Que viva el puente', dirigida por Paul Foster, discípulo de Stewart. Así, el colombiano se hizo muy amigo de Ellen, quien le propuso crear una sucursal de La Mama en Bogotá. "Me dio 500 dólares, que en ese tiempo era un platal", recuerda.

Amuchástegui regresó al país y se reunió con sus amigos, una cofradía valiente conformada por actores que hoy son íconos del teatro criollo: Consuelo Luzardo, Paco Barrero, Germán Moure, Gustavo Mejía, Consuelo Moure, Jorge Cano, Jaime Carrasquilla, Beatríz Elena Mejía y Eddy Armando, su director. Juntos emprendieron un sueño que aún permanece despierto pero que a veces se confunde con un espejismo: el Teatro La Mama, cuya misión fue forjarse como un espacio para el laboratorio teatral y la experimentación, tendencia que en aquella época empezaba a cobrar forma. Lo sigue haciendo, pero el nivel de creación ya no es el mismo. "La Mama rompió records de audiencia y estrenos en Colombia, y creo que en el mundo: ¡en dos años presentamos 38 obras!". Ahora, con dificultad, pueden llegar a dos obras por año -propias-; de las cuales la más reciente es "Homenaje A Gabo: El Coronel No Tienen Quien Le Escriba Cercado Por La Memoria De Mis Putas Tristes", que se presentó hasta el pasado 28 de octubre del año pasado.

El primer refugio de La Mama fue un pequeño galpón de la carrera 13 con calle 48, donde funcionó el Club de Teatro Experimental Café La Mama. "Ese era nuestro gancho: ver teatro alrededor de una taza de café, sentados en un sillón o un cojín", explica Kepa. Asistir a una obra de teatro allí era un espectáculo íntimo, cálido y fraterno, casi como ir de visita a la casa de la mamá o la abuelita.

Pero allí la dicha solo duró seis años. Por la falta de recursos fueron desalojados en 1974: "Fueron dos años en los que nos persiguió la policía y la ley... Nos trataban mal porque no teníamos plata, pero afortunadamente logramos conseguir una nueva sede", recordaba Eddy Armando.

Él decía siempre que la esencia de La Mama había sido crear obras que le midieran el pulso al país, y de cierta forma, reconstruyeran la historia nacional. Ahí están, por ejemplo, piezas originales de La Mama que dan cuenta de algunos sucesos de nuestro pasado reciente: "Tom Pain y la cabeza de la víctima ha caído" (de Amuchastegui), "La Galera" (de Jorge Cano), "Los pasatiempos de la Mamá Loca", "Dos viejos pánicos" (ambas de Eddy Armando), "El domingo del difunto" (Germán Moure) y "El cabo Hesio" (Gustavo Mejía), entre otras. "Siempre hemos hecho montajes que hablan de la realidad de Colombia. Por eso la burguesía no viene a La Mama... No les interesa nuestro discurso revolucionario", afirmaba Armando.

Capoteando la crisis

Pero no importa qué tan buena sea una obra de La Mama, ni que tanto demoren los ensayos -a veces, hasta 5 meses-. El día del estreno de algunas piezas ha ocurrido que llegan solamente 12 personas, en una sala en la que caben 120 personas sentadas... De la taquilla no puede mantenerse este teatro. Sobrevive, y a ras, gracias a los fondos que recibe de entidades como la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, y el Ministerio de Cultura, e incluso de proyectos esporádicos que ofrecen a la Gobernación de Cundinamarca. "Son temporadas de unos cuatro meses que alivian nuestras finanzas. El resto del año toca por cuenta propia", contaba Carlos Minotta, un administrador de La Mama que trabajó allí hace varios años atrás.

"El teatro no deja plata, de esto es muy difícil vivir... Pero no me gusta quejarme porque yo decidí dedicarme a esto, yo escogí este camino, que es como la vida misma: dura, complicada, tortuosa", ese era su lema, y lo decía con la convicción que sus cuarenta y tantos años de labores le ponían en sus hombros. Años en los que tuvo que hacer piruetas para mantener a flote La Mama: con su teatro juró mantener un matrimonio de por vida, "pero no de conveniencia, sino de amor verdadero".

La Mama, al igual que otros teatros alternativos e independientes de Bogotá -como Tecal, La Candelaria, El Camarín del Carmen, La Corporación, etc.-, cuenta con pocos recursos. Su propósito no es vender obras, sino formar públicos "que necesiten del teatro, que vean del arte una forma de vida, una terapia psicológica, un refugio y un reencuentro", solía decir Eddy Armando. "Eso fue lo más significativo de mi paso por La Mama -explica Consuelo Moure, cofundadora del teatro-. Aprender que uno puede hacer teatro independiente, sin doblegarse ante el mercado".

El Teatro La Mama es sinónimo de gestación, reproducción, fertilidad. Es un movimiento de creación y fertilidad, como la Pacha Mama, pues todo aquello que genera vida nueva es una mamá. Y en este escenario cultural nacen todos los años artistas y obras que se inmortalizan en el corazón de quienes acuden, semanalmente, a la pequeña sala de uno de los teatros independientes más populares de Bogotá. En cada centímetro de este teatro palpitará por siempre el recuerdo del maestro Eddy Armando.

Eddy Armando, a secas

Eddy Armando Rodríguez, o más bien, Eddy Armando -como prefería que le dijeran, a secas-, nació en 1952 y falleció el 31 de diciembre del 2011, dejando un gran vacío en la dramaturgia nacional. Fue actor, dramaturgo y director del Teatro Experimental La Mama desde 1969.

En sus cuarenta años de labor artística participó en la actuación, montaje y dirección de cerca de 60 obras de teatro, giras por Europa, Estados Unidos, Centro y Suramérica y el Caribe donde representó y dejo muy en alto el nombre de nuestro país.

Pero también fue profeta en su tierra: llevó su producción artística a eventos nacionales e internacionales, ciudades, pueblos, zonas campesinas, comunidades indígenas, colegios, barrios, universidades, cárceles, sindicatos, clubes y plazas de Colombia.

Como hombre de teatro fue siempre formador de nuevos talentos, por eso incursionó en el montaje de teatro infantil y de títeres, y dirigió numerosos laboratorios de investigación teatral, talleres y seminarios.

Se destacan en su producción artística las obras:

• El Abejón Mono
• Chaupi Punchapi Tutayaca
• Joselito Carnaval
• Faunabula de un Ecocidio
• Los Tiempos del Ruido
• La Incertidumbre del Amor
• En Sueños de Bolívar
• La Melodía De Hamelin
• Arrebatos de Mujeres
• Entre Besos y Peloteras
• Las Impurezas del Amor...
• Un Bolero
• Ahí Les Dejo Su H... P... Vida
• Espíritus Migratorius
• Memorias de Salomón
• Homenaje A Gabo: El Coronel No Tienen Quien Le Escriba Cercado Por La Memoria De Mis Putas Tristes.
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