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MUCHAS GRACIAS POR EL ESFUERZO PERO NO HA SERVIDO DE MUCHO


"Acepta lo que no puedes cambiar y cambia todo lo que no puedes aceptar"

-A caballo regalado no se le mira el diente- es un viejo refrán que circula en la cultura popular, nos acostumbran a eso desde pequeños, a ser “políticamente correctos” y no decir nada por miedo al qué dirán o a cerrar puertas con “alguien importante”, porque en Latinoamérica las personas siempre están dependiendo de “alguien importante”. El contenido de esta columna toca el tema de la industria musical en Colombia pero aun si usted no pertenece a ella puede aplicar su contenido en cualquier industria nacional.

Cada año en Bogotá y Medellín se gastan millones del erario público y de patrocinios de empresas privadas para organizar eventos que supuestamente deberían impulsar el desarrollo de la industria cultural y musical, entidades como Cámara y Comercio o Idartes realizan extensas convocatorias para estos eventos prometiendo al músico o al actor de la industria que van a asistir a “una gran oportunidad” o que viene algún gurú que cambiará sus carreras para siempre.

Hace unos diez años todo esto era una novedad, a partir de la segunda década del siglo XXI al parecer hay muchas personas interesadas en pertenecer a la llamada “economía naranja” y ganar una posición en una industria que pareciera generar ganancias a consta de poco esfuerzo pero eso sí de muy buenas relaciones.

Basados en esos parámetros se comenzaron organizar en estas y otras ciudades eventos y festivales entre otros esfuerzos y se apoyan en un sinfín de nuevos medios y de medios alternativos que han tomado fuerza últimamente como una salida al poco apoyo del mainstream a la industria.

A simple vista suena maravilloso, cada año se abren nuevos espacios y nuevas oportunidades para crecer. Lo que las personas no saben es que todas estas actividades y todos estos escenarios son poblados por las mismas personas cada año, hablando de lo mismo y beneficiando a los mismos lo cual ha hecho que varios hayan desistido de seguir emprendiendo en la naciente industria. Muchos músicos y gestores incluso han viajado desde otros países para asistir a estas ruedas de negocios o festivales para encontrarse que en realidad no hay tantas oportunidades como pareciera y los locales ya saben que ahí no hay espacio para quienes no pertenezcan al círculo que se ha creado en torno a toda esta parafernalia para impulsar proyectos y empresas privadas con dineros del estado o de patrocinadores que son canalizados a unos pocos receptores.

Basta con echar una mirada a las programaciones académicas y a las programaciones de los festivales para encontrar los mismos nombres, en todas partes y las mimas bandas. Lo grave de esto es que no se avanza ni para adelante ni para atrás, se ha convertido esto en una fiesta para mantener activas las carreras de unos pocos disfrazándolas de grandes gestiones cuando no es así, muchos de los ponentes de los componentes académicos no tienen las credenciales suficientes y son puestos en cada una de estas ruedas de negocios por amistas sin pensar que son quienes están supuestamente enseñando a las nuevas generaciones y no miden el daño que esto hace. Lo mismo con los músicos, año tras año, concierto tras concierto los mismos cinco nombres que la gente reconoce de tanto verlos en el cartel pero no sigue la música, son proyectos de los afectos de los organizadores que solo suenan en estas tarimas y bien por ellos, magnifico, pero nos estamos perdiendo del desfile maravilloso y amplio de la música nacional.

Todo esto es una “hoguera de las vanidades” orquestada para solventar muchos almuerzos pero poca industria cultural, es válido el esfuerzo y muy bonito pero no ha servido en realidad para nada. A caballo regalado no se le mira el diente, pero si el caballo no tiene una pata y es ciego se convierte en una carga, cara, difícil de mantener y que por más que parezca se desgasta más en quererla que en ser útil. ¿Es en realidad necesario colocar al individuo sobre el grupo? Al parecer los que gestionan la industria necesitan más fama y dinero que los mismos artistas.

Lo que la industria necesita no es un círculo de amigos halándose las espaldas unos a otros y pavoneándose entre ellos sino espacios sinceros, útiles y contundentes enfocados a desarrollar espacios y oportunidades verdaderas para todo el que quiera acceder a ellas y para explotar todo el talento de los artistas nacionales pero para lograr eso se necesitan profesionales, verdaderos gestores y no desempleados empíricos que encontraron en el área una oportunidad de ingresos fáciles. El esfuerzo no ha servido más que para un pequeño grupo que año tras año se beneficia y mantiene viva esta cadena de favores.

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