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¿DEBERÍA ROCK AL PARQUE EXPULSAR A PUSSY RIOT DEL CARTEL 2018?



La respuesta más acorde a nuestro estado de derecho, al derecho a la libertad de expresión y la protección de los derechos culturales proclamados en Bogotá sería un contundente ¡no!, el festival debe permitir al colectivo ruso presentarse a sus anchas en la tarima para proclamar su ideología y tocar su música.

Pero seamos honestos, hablemos desde el punto de vista de un festival que el año anterior censuró y expulsó al músico venezolano Paul Gillman por alinearse con la política del régimen chavista, una decisión buena para algunos y mala para otros, no estamos acá para juzgar eso, cada persona se alinea con la política que le conviene y que defiende sus intereses. 

¿Fue esto un acto de coherencia con los derechos que supuestamente protegemos? Obviamente no. A pesar de que es cierto que Venezuela atraviesa una crisis humanitaria de proporciones descomunales, haber censurado a Paul Gillman no le queda bien al distrito, no por estar alineado con el gobierno venezolano, que puede ser en sí un acto que se le podría reprochar a Gillman como ser humano, ¿pero no está casi la mitad de Colombia alienado también con un régimen dictatorial y narcotizado, conformado por asesinos y corruptos? Miramos la paja en el ojo ajeno, pero no la propia. Sino porque un espacio para la cultura que alguna vez fue declarado un patrimonio cultural de la ciudad dicte como lo ha hecho desde hace tiempos, quien toca, quien no toca, y que practica el estatismo paternalista demuestra únicamente nuestra incapacidad para conocer el arte y para reconocerlo como un instrumento de comunicación.

Sin caer en moralismos que no van al caso, no era jurisdicción del festival censurar a un artista sea quien sea por su ideología, esta era una decisión que debía tomar el estado, o en su caso la alcaldía de Bogotá si consideraba que la visita de Gillman atentaba de alguna manera contra la seguridad del país, no de unos empleados del distrito jugando a la ley, sobre todo cuando el mismo festival ha sido un foco de vetos en lo local, de contratos amañados, de inserciones por amistad y en general otro circulo de corrupción colombiano. No tenemos la suficiente capacidad moral para hacer algo así, no somos ni de lejos un colegio de ética, este país está colapsado.

Por otra parte, analicemos a Pussy Riot, una banda de chicas activistas que se ha hecho famosa no por su música sino por los escándalos que produce su actividad política, saltaron a la fama mundial por haber intervenido una catedral en Rusia para insultar al presidente de su país y su última aparición no fue en un concierto sino para interrumpir un partido de la copa mundial de fútbol y este es el momento en que no es claro el porque de esta acción, que querían.

Sin las pasiones desbordadas de los colombianos todo sería diferente, si aprendiéramos a tener un pensamiento racional y crítico, pero no. Entonces deberíamos abordar el asunto con la misma lógica de las acciones del año anterior, el festival debería expulsar sin compasión a este grupo que para algunos son una amenaza, porque son rebeldes, anarquistas y van en contra del sistema establecido.

¿Qué ironía no? Al fin y al cabo, ¿no es para eso el rock?, para gritar lo que no nos gusta, para ser rebeldes, no es la voz del inconformismo. Parece que no, al parecer el único rock que funciona en esta patria es el relleno de gaitas y acordeones o el que sus letras tratan temas banales y estúpidos cargados de maquillaje y “buenas vibras”, a eso lo redujo el pequeño grupo de iluminados en el tema.

El rock en Colombia se ha vuelto aburrido y corporativo, hordas de personajes sin estudio en el área se han convertido en managers, promotores y curadores que creen que usar corbata y colocar una oficina los hace más serios en la escena, organizan conferencias, encuentros y aplauden de manera exacerbada a aquellos que traten la música como un sencillo producto comercial al que ya no le preocupan sus contenidos sino el poco dinero que pueda producirse, eso sumado a un país pobremente educado es una bomba de tiempo.

¿Entonces porque expulsar a Gillman y no a Pussy Riot? No existe una respuesta que explique esto, no hay que caer en prejuicios o en hacer el papel de verdugos por que muchas personas atacan al empresario Julio Correal por haber impulsado esta decisión, ¡pero hey! Correal primero que todo es un personaje que ha hecho más por el rock nacional que los cientos de miles que lo han criticado, es uno de los mismos creadores del festival Rock al Parque y es un agente activo en la escena que conoce de música y ha trabajado en ella toda su vida, él tiene todo el derecho de expresarse, así como lo tiene cada uno de los ciudadanos de este país, no tiene absolutamente nada de malo que él como ciudadano haya pedido el veto a Gillman obedeciendo sus convicciones. Si Julio Correal quiere decir que Metallica es una banda de terroristas y que los expulsen de Rock al Parque, él está en todo su derecho. Ahora, el pecado es que un festival estatal que se maneja con dineros públicos y que pertenece al pueblo haga caso, eso es otra cosa, esto significa y comprueba los vínculos de interés que el festival tiene, confirma todo lo que se ha dicho sobre el festival, Rock al Parque no es público, no es de todos, tiene dueños y no es precisamente el público, se aleja demasiado del trillado y mentiroso slogan “Días de extrema convivencia”, yo propondría “Días de extrema conveniencia” todo se reduce a dinero, la música no interesa.

Ahora, si yo como ciudadano no quiero que no venga Pussy Riot a un festival que también es mío en teoría, si me pareciera un colectivo de mujeres rabiosas que busca más atención que hacer música, ¿harían eso por mí?, ¿las vetarían? no, porque mi influencia es nula, aun cuando hemos estado denunciando año tras año la corrupción del festival, aun cuando hemos propuesto acciones para que sea mejor, cuando hemos ido a reuniones con ellos y debatido hasta en televisión para proponer un cambio, cuando hemos defendido al artista local sobre los demás, cuando lo que hemos buscado es que el festival sea de nuevo un trampolín para los miles y miles de músicos independientes en una escena manipulada donde nos vetan, nos insultan, nos manejan como mendigos para poder acceder a las ayudas del estado, lo único que hemos logrado con esto es la negativa a cada acción judicial, la segregación en los espacios públicos, el veto y el odio de ese grupo de personas y las burlas de los de amigos de Idartes todo por el miedo a perder los billetes que sacan año tras año de una acción cultural pública que nadie controla, a la que nadie le hace veeduría y a la que un juez se declaró en incapacidad de juzgar porque “él no sabía lo era rock” lo cual es ridículo.

Esto comprueba una vez más, que Rock al Parque es un circulo al servicio de unos pocos en donde lo que menos importa es el rock, que el festival está siendo usado para conveniencias personales y que una vez más, el distrito entero se arrodilla a lo que le conviene a algunos y no a todos.

Estas situaciones se pueden ver de diferentes maneras, en Rock al Parque, por ejemplo, las bandas insultan a los policías desde una tarima del estado (Yo haría lo mismo), pero eso es como decirles a los veganos que no coman carne con un chorizo en la mano, nadie dijo nada. Se han presentado bandas con contenidos políticos agresivos y racistas, que viven despotricando a diestra y siniestra de todo el sistema y nadie ha dicho nada, han atacado a la policía hasta hacerlos retroceder y nadie ha dicho nada, heridos, etc. Nadie ha dicho nada y el rock cada día está peor.

Entonces vemos nuevamente que esto no es un evento de rock sino un evento político que se usa para mover intereses que nada o poco tienen que ver con la música, pero si con los cheques que se emiten a los mismos nombres de siempre. 

Solo por dejar un dato, el presupuesto de Rock al Parque es mucho más grande que el de alguno de los mejores festivales de rock del planeta, en donde si cobran la entrada, en donde si asisten bandas de rock y en donde los carteles son de primera línea y no los mismos en las mismas cada año.

Entonces la pregunta inicial se responde de la siguiente manera, según el derecho y el mismo rock la banda tiene derecho a presentarse, pero según la lógica del festival y sus magnánimos organizadores la banda rusa debería ser expulsada, pero no lo harán porque somos un país conveniente que moldea la realidad al capricho del poder de turno y como nadie se ha quejado, ya que Rusia es un país muy lejano como para influir en nuestra idiosincrasia, entonces no lo harán, al contrario veremos a los bogotanos aplaudirlos justo después de que pase la cumbia de una banda amiga contratada para sonar en un festival de rock, además, no es lo mismo vetar a un Gillman venido a menos que a una banda de rusas famosas por sus escándalos ya que el arte en Colombia es confundido con “farándula”.

@felipeszarruk
Director Subterránica 
Músico, Comunicador Social, M.A. en Estudios Artísticos.

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