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¿Le parece Bogotá una ciudad fea?


Lucy Galvis para Subterránica.

Bogotá tiene momentos en los cuales replantea el modo de habitar la ciudad, luego de un par de siglos viviendo como en la colonia, los hechos de la independencia, cambiaron el modo de hacer y el modo de vivir.

Desde la educación, que abrió espacios para una formación francesa basada en los derechos del hombre, hasta un modo de construcción más ligados a los centros de pensamiento de la época,  EEUU y Francia, considerando también los edificios públicos, ahora republicanos, para la participación de los criollos conforme se organizaba el gobierno de la época.

Esa arquitectura bella, de una ciudad pegada a los cerros, más de 30 quebradas y el río Bogotá bajan de las montañas de la capital, dieron paso, a partir del siglo XX , a una arquitectura moderna caracterizada por lo funcional, con nuevos materiales, postes de luz en las calles, y el aprovechamiento del espacio vertical.

Nuevos edificios de uso civil se fueron construyendo, tanto como infraestructura innovadora para servicios como el de la aviación. La ciudad se llenó de puentes, de vías, de espacios para todo tipo de oficios. Las edificaciones se fueron organizando como capas de formas no coincidentes entre sí.

¿Contribuye a la fealdad de Bogotá el clima y ese gris asfalto tan característico?

Se constata en sus fotos, la ciudad no es fotogénica desde el aire, no es fotogénica en sus lugares emblemáticos, no lo es en los mapas de planeación de la ciudad, ni en los materiales, ni en los acabados.

Falta desarrollo de ciudad, algo que nos identifique en el mundo, !esto es Bogotá!


Mi libro de segundo grado daba cuenta de una Bogotá que crecía por etapas, hasta la Iglesia de San Diego en el Centro Internacional, hasta las casas quintas de Chapinero, el sector financiero de la calle 72 y así sucesivamente.

Colindábamos con seis municipios de la sabana, la cuál ahora absorbe la ciudad con su arquitectura frenética. Otras ciudades en Latinoamérica son más bonitas como conjunto que Bogotá, por ejemplo  Buenos Aires o Ciudad de Méjico, establecen mejor el propósito de ofrecer un turismo cultural al viajero, existen planes de recuperación patrimonial en esas ciudades.

Bogotá nunca fue tan hermosa como París, Florencia, o Buenos Aires, pero por lo menos, sus habitantes disfrutaban de una arquitectura decente y tranquila”. Revista Nova et Vetera. Universidad del Rosario. Vol.1 No.06 Julio 2015.

Todos los estratos tienen edificaciones feas, tanto las construcciones de interés social, como los edificios de plexiglás. La gente huyó del centro, décima con 19, y otros barrios, por seguridad. Los hechos del Bogotazo que incendiaron la ciudad, dieron pie a la demolición y construcción de una “modernización torpe” Ibid 

“No hay planeación urbana. La belleza no ha sido criterio para la construcción. Belleza, fundamental para la buena vida, y para la buena ciudad” Revista Nova et Vetera. Universidad del Rosario. Vol.1 No.06 Julio 2015.

A finales S.XIX, continúa el relato histórico de esta fuente que me conseguí en el archivo de la Universidad del Rosario, élites bogotanas abandonan el modelo español, por uno norteamericano y anglosajón, esto significaba la redefinición del espacio urbano, alumbrado público, higiene, rectas avenidas, eficiencia en la circulación, principios racionales, amplios y bellos parkways, grandes avenidas comerciales, entretenimientos modernos, el cine, todo opuesto al modelo colonial: Las avenidas vs. las estrechas callejuelas, grandes edificios vs. casonas frías, la ciudad moderna vs. la antigua.

Cada uno de estos elementos comienza a contrastar la arquitectura de la ciudad, todas estas ideas modernas de ciudad tenían un sentido estético, un concepto, la ciudad moderna para las élites bogotanas, era amplia, hermosa, progresista, y eficiente.


¿Qué hizo entonces que todos estos ideales de ciudad se vinieran al traste?

Terminamos con “una modernidad torpe y fea, y una antigüedad moribunda”(Ibid). La falta de gestión, dejaron acumular las basuras, falta de criterio, demolieron importantes edificaciones de patrimonio para ubicar allí a los edificios del estado.

Aparecen como afiches de campaña, el reclamo de los investigadores de la Universidad del Rosario, se podrían leer así, también como clasificados de compra y venta: “Bellísimo convento de Santo Domingo, lo demolieron para dar paso al edificio Murillo Toro. Durante la presidencia de Eduardo Santos”. “El orden colonial vs. La racionalidad burocrática”. “Todo quiere ser Bolívar 1819 – 1890”. “Caso el Hotel Granada, estilo francés, fue destruido para construir el Banco de la República”. “La ciudad se llenó de mucho comercio. La Caracas. El Centro Comercial Atlantis”.

Y por supuesto, el nuevo concepto de Centro Comercial que para el año 1970 ya buscaba deshacerse de sus habitantes de calle, prostitutas, y problemas sociales, para ofrecer este beneficio a sus compradores.

La importancia de la belleza urbanística radica en que “una ciudad que no es bella no es percibida por sus habitantes como una ciudad que vale la pena cuidar y mantener”(Ibid).

De ahí el desinterés de los bogotanos por el espacio público, por recoger las basuras, por organizar el comercio, por incrementar las zonas verdes.

Un investigador de la Universidad del Rosario propone la teoría de las ventanas rotas. "En criminología, sostiene que mantener los entornos urbanos en buenas condiciones puede provocar una disminución del vandalismo y la reducción de las tasas de criminalidad”(Wiki).

¿Cómo funciona?

Si una ventana de un predio que da a la calle está rota, está invitando a que, por ejemplo, le pinten un graffiti. Uno presupone que la ventana rota es señal de abandono del predio, y por tanto, todo el mundo va a orinar ahí, van a romper otra ventana.

La Teoría de la Ventanas Rotas. argumento de que nadie ve, comenzarán a llegar habitantes de calle a dormir, acabando con la fisonomía del lugar. Luego no habrá quien los saque, romperán las bombillas de los postes de luz, y la calle puede terminar en un atracadero. Del mismo modo, un espacio bien conservado, hace que las personas se comporten de acuerdo con el lugar, cambien la manera de caminar, hablar, y de vestir. Un espacio iluminado convoca más gente a transitar por esa calle en la noche, y un espacio público en ópticas condiciones hará que los habitantes del sector se sientan orgullosos del lugar en que residen, o trabajan, o hacen las compras. Tener unos barrios en buen estado, bonitos, limpios, organizados, hace que visualmente se pueda comprobar la calidad de vida, que los funcionarios no se están robando la plata, y que los impuestos sí funcionan, esto tanto para las aceras y calles con huecos, como para cuando una calle requiere de rampas y otros mobiliarios para el uso de personas con discapacidad, por ejemplo.

La tendencia en la Bogotá actual consiste en la peatonalización del espacio público, como ocurre sobre la carrera séptima en el centro de la ciudad. Recuperar los parques y los nacimientos de agua, viene de la mano de la idea de cuidar la biodiversidad, como ocurre en los cerros capitalinos.
Roberto Pombo señala en su artículo de la Revista Semana: “Es difícil encontrar un barrio en Bogotá que no haya sido víctima, no digamos de la mala planificación, sino de la abierta violación de todas las normas urbanísticas”8. Con total impunidad, explica, la norma para la segunda mitad del siglo XX ha sido que “lo nuevo debe reemplazar lo viejo”9, y no hay orden, no hay espacio público, las ciclovías están llenas de obstáculos en el andén, las calles se han llenado de tecnicentros, e incluso un edificio tapa el paisaje de la ventana.

Mauricio Silva Guzmán del periódico El Tiempo, pregunta a siete arquitectos lo siguiente, no reseñaré toda la conversación: “¿Sobre qué parámetros estéticos se está haciendo Bogotá? ¿De dónde vienen las nuevas influencias? ¿Bogotá está perdiendo su personalidad arquitectónica o está creando una nueva? ¿Qué le ofrece la nueva arquitectura al ciudadano? ¿Se está volviendo Bogotá boba?”.¿Qué propondría para una Bogotá arquitectónicamente mejor?”.10

Y recibe las siguientes respuestas que explican este proceso de degradación estética de Bogotá.

“Bogotá es una cosa sin estilo que mira a Miami y Disney World”, le explica el arquitecto Rogelio Carmona. Para el, estas edificaciones en vidrio ostentoso, afrancesado, representan la narco-arquitectura. Son edificios de vidrio, espejo, acero, y mármol, que resultan incómodos. Él utiliza la palabra “lobería” para referirse a esta estética en la arquitectura, y añade que estos constructores traen a los arquitectos del exterior. La anterior propuesta, dice, era “sobria y austera en ladrillo”. Para Salmona la calidad de vida pasa por mejorar la formación de los arquitectos en las Facultades de Arquitectura, siendo éste un problema ético y social, “proponer un real planeamiento urbano. Normas de construcción. Ir planificando la región metropolitana. Zipaquirá, Facatativá, Fusagasugá, interconectadas con Bogotá”, puntualiza.

8 Revista Semana. Roberto Pombo. La fealdad de Bogotá. 1995/06/05
9 Revista Semana. Roberto Pombo. La fealdad de Bogotá. 1995/06/05
10 El Tiempo. Archivo. Redactor Mauricio Silva Guzmán. Lo bonito de Bogotá. 6 de julio de 1997.

“La ciudad no la hacen los arquitectos solo los constructores, y eso naturalmente, genera desórdenes estéticos”. – Rogelio Carmona

Entretanto, uno de los arquitectos de Cuellar Serrano Gómez, explica que lo que vemos es una “arquitectura moderna que se quiere salir del ladrillo. Edificios de casas, sobre el mismo lote, como parámetro estético. Bogotá tiene una arquitectura muy propia, Bogotá tiene una imagen, desorden de materiales, desorden en alturas, desorden a pedazos. No hay un diálogo bien armado. No tiene espacio público”.

“La ciudad no está planeada, ni controlada, ni pensada, ni diseñada. La ciudad no tiene un plano, y los arquitectos, diseñadores, urbanistas, constructores, no conocen la verdadera ciudad”. Arquitecto Luis Kopec.

Andrés Orrantia, director del museo de arquitectura Leopoldo Rother, insiste en que para la construcción actual de Bogotá “el parámetro consiste en mezclas de arquitecturas internacionales, Europa, USA, así como de la Bogotá colonial, Republicana y Contemporánea.

El caos arquitectónico, la contaminación visual, la pérdida de identidad son el reflejo de una arquitectura que no toma en cuenta ni el lugar, ni el clima, sino que es pura moda exhibicionista. ¿Qué pasará en 10 años? La ciudad no se puede manejar desde una sola disciplina. Sin embargo, desde el campo arquitectónico debe haber un plan regular que hable del bien común, lo otro, que está olvidado, es que hay que recuperar y preservar los cerros que son nuestro verdadero patrimonio y base de todo”12.

11 El Tiempo. Archivo. Redactor Mauricio Silva Guzmán. Lo bonito de Bogotá. 6 de julio de 1997.
12 El Tiempo. Archivo. Redactor Mauricio Silva Guzmán. Lo bonito de Bogotá. 6 de julio de 1997.
Bibliografía.
Revista Nova et Vetera. Universidad del Rosario. Vol.1 No.06. Julio 2015.
Teoría de las ventanas rotas. Wiki 2020.
Revista Semana. Roberto Pombo. La fealdad de Bogotá. 1995/06/05
El Tiempo. Archivo. Redactor Mauricio Silva Guzmán. Lo bonito de Bogotá. 6 de julio de 1997
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