Escritor caleño lanza trilogía de relatos macabros.

 

El escritor caleño Luis A. Suescún, autor de “La Semilla del Vampiro” y “La Peste de los Solitarios”, prepara el lanzamiento de la trilogía “Los Relatos Macabros”, dividida en tres tomos independientes: “La Casa de la Bruja”, “El Poseído Bajo Los Árboles” y “Cuando los Nidos se Rompen”, cuyo cuento titular fue primer puesto en el prestigioso Festival de las Ánimas en España (2019).

 “Los Relatos Macabros” constituyen un verdadero homenaje al género, porque en 30 cuentos y más de 1.100 páginas, se hace un repaso de espantos locales como las brujas, la bola de fuego o el Mohán, junto con los vampiros, los muertos vivientes y los fantasmas propios del folclor americano y europeo, sumados a los monstruos propios de Luis A. Suescún que destacan siempre por su gran particularidad. Escritos en un lenguaje sencillo y con tramas generosas en acción, cada uno de estos relatos se lee con la facilidad de una pequeña película de terror.

Los tres tomos de esta colección se encuentran en preventa y se pueden conseguir aquí: www.relatosmacabros.com

Cuando los paramédicos entraron al pequeño apartamento donde vivían Bianca y Alfonsina, ambas estudiantes de ingeniería de la IULM, los recibió una oscuridad sepulcral que contrastaba con el sol que destellaba sobre las edificaciones y los serenos canales que atravesaban el barrio Navigli al sur de Milán. «Una oscuridad de sepulcro faraónico», pensó Carlo Rossi, enfermero auxiliar, al entrar a la habitación de cortinas cerradas en donde Alfonsina se había acobijado tanto como si fuera una ostra.

-Señorita Vitale, mi nombre es Leonardo Esposito, somos del Servicio Sanitario Nacional de Italia y la vamos a llevar de urgencia al hospital universitario San Rafael -se presentó el otro paramédico-. Permítame ayudarla a levantarse de la cama.

-Oh, creo que ya estoy mejor y… no tengo ninguna intención de… -terminó la frase en un sonoro eructo. Acababa de vomitar profusamente dentro de las cobijas.

-Debe estar muy intoxicada… -concluyó Bianca desde la entrada y se tapó la boca de puro asco-. Así lleva cinco días quejándose de dolor.

-No se preocupe, hemos manejado casos peores -respondió el paramédico.

De inmediato Carlo y Leonardo rodearon la cama de la enferma y en dos movimientos la despojaron de las cobijas, pero lo que yacía sobre las sábanas hizo gritar de espanto a Bianca. El antes atlético cuerpo de Alfonsina se encontraba gris y forrado en los huesos, cubierto por una resina de sus propias excrecencias, pero lo más significativo era la cabeza.

-Santo cielo -murmuró Leonardo-. ¿Qué es eso…?

Porque la cabeza de Alfonsina estaba tan inflamada que parecía una calabaza de otoño, no solo por lo roja sino por las venas tan marcadas que cruzaban un rostro desfigurado que, por la presión arterial, tenía los ojos casi fuera de sus órbitas y con las venas a punto de reventar.

-¡La luz, el ruido!, ¡estoy ciega! -gritó Alfonsina desencajada y se llevó unas grises y alargadas manos a la cabeza como si pesara toneladas-. Oh, quisiera estar sorda también -gruñó antes de rodar por el suelo y vomitar una babaza transparente y gelatinosa.


Extracto de “Pescadores Bajo Una Luna Roja”, incluido en el segundo tomo

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